Rosa Aguilar, el fondo y las formas.
Que Rosa Aguilar se iba a ir a la órbita del PSOE no era una novedad ni una sorpresa para casi nadie. Sus postulados teóricos y prácticos iban más en concordancia con los del PSOE que con los de IU, incluso en algunos casos iban a la derecha de los socialistas, incluso en estética (aquellas alusiones a la monarquía o esa manía de hacerse la santera mayor de la Semana Santa cordobesa así lo atestiguan), por no hablar de la política urbanística de Córdoba.
El problema, a mi entender, era estético, no puede uno estar un día con una formación política, y, sin solución de continuidad irse a otra de la noche a la mañana. No es excesivamente presentable ser un día alcaldesa de Córdoba con IU y al día siguiente consejera de obras públicas con el PSOE, y para más inri nombrada por un presidente al cual le votó en contra de la investidura. Creo que debería de haberse planteado una etapa intermedia sin cargos, replantearse sus opciones polítcas y personales y luego actuar en consecuencia. Hubiera sonado sincero y pensado. Y tampoco habría molestado a una formación de la cual, hasta hace dos días, tenía para ella un cargo orgánico de política institucional.
Tampoco IU debería ensimismarse pensando en la traición. Sabían perfectamente lo que pasaba con Rosa, con todo le dieron un cargo importante en la dirección federal de IU, y eso lleva uno a plantearse muchas cosas. Una de ellas es el cierre en falso de la eterna crisis de la coalición de izquierdas. Porque la sensación es que los sectores de IU no dieron más batalla en la última Asamblea General simplemente por desgana o por considerar agotado el proyecto político, bien sea el proyecto personal, bien sea el colectivo. En este contexto, cabe recordar las innumerables escisiones de IU en los últimos años. Se les fue Nueva Izquierda, que tenían buena parte de sus más brillantes portavoces (Almeida, Garrido, Sartorius), se les fue Izquierda Republicana y el PASOC (hoy en día en eternas conversaciones para volver al PSOE), en su día al PCE se les fue el sector afín a Santiago Carrillo, y por la izquierda se les fue Corriente Roja. Y lo peor para IU es el vaciamiento ideológico y de personas que lleva sufriendo desde hace décadas. Y de eso no tiene culpa ni Rosa Aguilar ni el PSOE ni la Orquesta Topolino. Porque cuando es tanta gente, es que algo se ha hecho mal para que no perdure la obra. Porque el verdadero problema es de fondo.
